El seco mar de tus ojos
Impide en la gesta de los pasos
Entrever las redes
Del extranjero extravío-
Yaces en paz
Y en guerra
Escribo la tú-
Ni salir a la superficie
De otras manos que
Llamen llamas-
El tremor que aísla
La dureza de tus aguas
Nos ablanda,
Moribundos tuyos-
La sospecha de no vernos
Ocurre de improviso-
Ciegos en todas direcciones
Sin ese modo y color
De lo latente verdadero-
Sé morir de palabra,
Compañera ángel-
Morir y venir-
¿Cuál tu dolor?
¿Qué tal tu color?
Volaré. volará
En mil pedazos negros
Por amor a
La múltiple boca
Del enigma
Que eras
Por los siglos de los siglos-
El cielo cayendo-
El cielo callando-
Cruzando la calle-
La calle siendo la
Acallada-
Rezamos en la verja-
Por ello respiramos-
Esto es lo que somos
Bajo la
Máscara, cáscara,
Espina esperando
El fruto sin,
Cuerpo de alma-
La infanta devorada
Lanza la flor-
El monstruo arroja la niña-
El mundo lancea un monstruo-
Todos flotan en las algas-
Hasta el infinito,
Tu misericordia
Como punto de fuga,
Hoja por hoja,
Minuciosamente
Arrojadas-
Mora donde otro,
Ánade ángel-
Compañera, nadie
y sin embargo-
Dentro de la espiral,
Cerco del centro,
Da su brazo a torcer
Por la ternura de un gesto
Que arroje los ojos
Que hablan sin mí
Bajo las aguas-
Marea mareas,
El ángel lejos,
El ángel cerca-
Si tu sí,
Si tu no-
Una vez
Limpió
Lo pez
El pie de
La hetaira-
Pero estabas sola
Como toda vida
En el mundo-
Antonio López Medinilla,
sajando el SUR-sub, XV


6 comentarios:
Desconcertante poema, y en el fondo, bello.
un saludo.
Es nuestro sino. Patearnos las calles (de la vida) hasta que se quiebran los tacones y te caes para siempre. A solas.
(Antonio, vaya garfio rojo, cariño... que yuyu me da.)
como toda vida en el mundo...sin duda, si si, Antonio, amigo mío
Gracias por la visita y lectura, Pedro. Anduve por su chincolada: ese matrimonio blanco sobre negro es magnífico resumen de existencia.
Un saludo.
Y es precisamente la soledad insoportable la que exige, tacón a tacón, la necesaria resurrección del camino. Si duele, es verdadero. Si duele, levántate y anda.
El garfio rojo te piensa, sureña.
Como tú misma escribiste, querida poeta mía, y eso resume la condición humana del poeta:
"creo que estoy un poco triste, y como siempre
tardarás una muerte en enterarte"
"Si pudieras mirarme,
verías lo que soy.
Y yo te lo negaría a muerte."
Niégalo, que yo lo leo. Un abrazo, poeta necesaria y justa en la cruz del sur.
Besos.
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